Novak Djokovic, de héroe nacional a símbolo de rebeldía en SerbiaEl tenista serbio vive una intensa persecución política tras mostrar su apoyo a las protestas estudiantiles contra el Gobierno de Vucic. La tensión, marcada por el ataque y renacimiento de su mural en Belgrado, lo ha obligado a buscar anonimato y refugio en Atenas, convirtiéndolo en un incómodo símbolo de rebeldía.Novak Djokovic en el último US Open. Alamy/UPI Escrito por Álvaro MirallesActualizado: 27/10/2025, 12:46 Resumir con IAChatGPTPerplexity PerplexityGrok Grok Novak Djokovic atraviesa una de las etapas más complejas de su vida fuera de la pista. El serbio, señalado por el Gobierno de Aleksandar Vucic tras mostrar apoyo a las protestas estudiantiles, se ha convertido en símbolo de rebeldía. Su mural en Belgrado fue atacado, pero volvió a renacer. Un mural atacado que reaviva la división en Serbia El corazón de Belgrado amaneció cubierto de pintura negra. El mural dedicado a Novak Djokovic, una de las figuras más admiradas del deporte mundial, fue vandalizado apenas unas horas después de que el tenista mostrara su apoyo a las protestas estudiantiles contra el presidente Aleksandar Vucic. El ataque no duró mucho. El artista Andrej Josifovski, autor de la obra, reconstruyó el mural menos de 24 horas después y denunció públicamente la acción, señalando a simpatizantes del Gobierno como responsables. El episodio reabrió heridas políticas y, también, una cuestión tan profunda como la del lugar que Djokovic ocupa hoy en el alma de su país. Djokovic, símbolo de una generación inconforme Durante años, Novak Djokovic fue el espejo del orgullo nacional serbio a base de éxito, disciplina y triunfo global. Sin embargo, sus gestos de apoyo a los estudiantes han generado una fractura inesperada. Lo que comenzó como un simple símbolo —un gesto durante sus celebraciones en Wimbledon— se ha convertido en un acto de resistencia que muchos interpretan como un desafío al poder. Aunque el tenista intentó restar importancia a aquel gesto alegando que se trataba de una broma inspirada en una canción que gusta a sus hijos (“Pump it up”), las calles de Belgrado lo interpretaron de otra manera. Para los jóvenes manifestantes, Djokovic encarna la valentía de enfrentarse a un sistema que consideran corrupto y autoritario. Para el Gobierno, en cambio, su actitud lo ha convertido en un “traidor”. Atenas, el refugio del campeón El ruido político terminó empujando a Djokovic fuera de su propio país. Hace unos meses, se mudó con su familia a Atenas, donde busca paz y anonimato tras una feroz campaña mediática en su contra. Allí, lejos del escrutinio y de los titulares incendiarios, ha intentado reconstruir su rutina mientras continúa compitiendo al máximo nivel. Su hermano, director del torneo Serbia Open, también sufrió las consecuencias del clima político y el evento fue trasladado oficialmente a Atenas, una decisión que muchos interpretan como un castigo indirecto hacia la familia Djokovic. El mensaje era que el poder político en Serbia no perdona los gestos que desafían su discurso. El ciudadano que eligió pensar por sí mismo Hoy, Novak Djokovic vive una paradoja difícil ya que es el deportista más exitoso de la historia de Serbia, pero ya no se siente completamente parte de ella. El mural reconstruido en Belgrado simboliza su dualidad, la del hombre admirado en el mundo y discutido en su hogar. Quizá por eso su figura trasciende el tenis. Porque en Djokovic, más que un campeón, hay un ciudadano que eligió pensar por sí mismo. Y en tiempos de dogmas, esa es la mayor de las rebeldías. Temas Novak Djokovic Recibe noticias de CDA desde Google News